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Vivir según la lógica de Dios |
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Hace ya algunas semanas que S.S. el Papa Benedicto XVI hizo un comentario al pasaje del Evangelio en donde el Señor nos invita a procurarnos un tesoro en el Cielo, y no en la tierra donde hay la posibilidad de que lo roben. Afirmó el Papa que “el cristiano debe vivir de acuerdo a la lógica de Dios, que es la lógica del amor que invita a usar las cosas sin egoísmo y sin "sed de dominio", viviendo la esperanza y la vigilancia ante la venida del Señor”. Ante un tipo de discriminación, muy en boga en nuestros días, el Papa nos previene: este tipo de discriminación es el de valorar más las cosas terrenales que a las mismas personas. No se trata, dijo el Pontífice, de que nos desinteresemos de las cosas del mundo, sino de ponerlas en el lugar que verdaderamente les corresponde, nunca preocuparnos o perder la paz interior y exterior, la paz propia y la de los nuestros, inútilmente por estas cosas perecederas. Las personas, por la dignidad que tienen, valen mucho más que cualquier posesión terrenal.
Dentro de los correos electrónicos que nos llegan, hay por allí algunos que vale la pena desmenuzar, estudiar profundizar y poner en perspectiva en nuestras vidas; y que ciertamente son útiles, no todo en la red es malo… Ya en este campo, hubo uno que dejo en mi profunda huella, uno que me hizo pensar y analizar las situaciones que a veces vivimos en nuestro propio entorno, o en el ajeno, pero que debemos utilizar para llamar la atención en actuares que deben cambiarse en nuestra existencia. Durante la Edad de Hielo, muchas creaturas vegetales y animales morían debido al intenso frio. Entre los animalitos, los puercoespines viendo a sus congéneres morir uno tras otro, y dándose cuenta de la situación, decidieron que lo mejor sería unirse en grupos. Así viviendo uno junto a otro, en estrecha relación, se abrigarían y protegerían entre sí contra los rigores de la madre naturaleza. Sin embargo, al acercarse uno al otro las espinas de su cuerpo herían al compañero más cercano, y era exactamente este el que le proporcionaba mas calor. Tratando de evitar esas heridas decidieron que lo mejor era alejarse unos de otros; y para su mal, al hacerlo, empezaron a morir congelados. Esto les obligo a meditar y tomar una decisión más sabia, ante la disyuntiva, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Después de un largo debate, decidieron volver a reunirse, a apretujarse el uno contra el otro, y soportar el pequeño dolor que les causaban las espinas del amigo, y así la necesidad de abrigo les ayudó a convivir unos con otros, con las pequeñas heridas que la relación con los seres más cercanos, les infligían, lo más importante era el calor del otro pues este les permitía sobrevivir. La lógica del amor los salvó. La moraleja de la fábula es que la mejor relación no es entre personas perfectas –que además no existe-, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir, a convivir, con los defectos de los demás y admirar sus cualidades. Y no solo esto sino pensar, además, que la propia cercanía tal vez hiera a alguien, pero a la vez, proporcionará ese calor que necesita para sobrevivir. Para que nuestro mundo cambie, para nuestra propia conversión, y una adecuada convivencia es necesario reconocer que la dignidad de la persona no radica en sus posesiones materiales, ni disminuye por sus muchos defectos o carencias. Cada persona es digna, de respeto, de admiración, de afecto, pues somos todos hechos a imagen y semejanza de Dios, destinados a participar de su vida divina por la eternidad. Ese futuro al que estamos llamados todos no es incierto, Dios mismo nos lo dió. Y el Papa nos aclara que por eso el hombre vive con una esperanza que ilumina su caminar por el mundo, con destino a la Casa del Padre. El Evangelio nos abre la puerta oscura del tiempo, del futuro; quien tiene esperanza vive diversamente, porque se le ha dado una vida nueva. Su Santidad, Benedicto XVI explicó, también, que la esperanza en la vida eterna nos ha de llevar a vivir una vida intensa y rica en obras buenas que serán el tesoro que guardamos en el Cielo y que nadie nos puede robar, en esto consiste el tener “vida en abundancia”, la vida que el Señor nos ha ganado con su muerte en cruz. En esto consiste la vida del verdadero Cristiano.
Así sabremos poner todo en su lugar, a las personas y a las cosas, según la lógica de Dios, que es la lógica del amor.
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Noticias de RM Houston |
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Vivir según la lógica de Dios |
Hace ya algunas semanas que S.S. el Papa Benedicto XVI hizo un comentario al pasaje del Evangelio en donde el Señor nos invita a procurarnos un tesoro en el Cielo, y no en la tierra donde hay la posibilidad de que lo roben. Afirmó el Papa que “el cristiano debe vivir de acuerdo a la lógica de Dios, que es la lógica del amor que invita a usar las cosas sin egoísmo y sin "sed de dominio", viviendo la esperanza y la vigilancia ante la venida del Señor”. Ante un tipo de discriminación, muy en boga en nuestros días, el Papa nos previene: este tipo de discriminación es el de valorar más las cosas terrenales que a las mismas personas. No se trata, dijo el Pontífice, de que nos desinteresemos de las cosas del mundo, sino de ponerlas en el lugar que verdaderamente les corresponde, nunca preocuparnos o perder la paz interior y exterior, la paz propia y la de los nuestros, inútilmente por estas cosas perecederas. Las personas, por la dignidad que tienen, valen mucho más que cualquier posesión terrenal. |
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LA VIDA ES CORTA, MUY CORTA |
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Todos sabemos o por lomenos asi lo pecibimos, que la vida es corta, que pasa volando, que es breve, quizá los jóvenes, puedan contradecirnos o mejor dicho afirmar que la vida es un camino largao, muy largo… o al menos ellos que es larga. Pero a medida que pasan los años vamos cambiando de opinión, va penetrando en nuestra mente la irrefutable realidad de que los años pasan, vuelan y lo que es peor, aunque uno así lo quiera, no retornan jamás.
Cuando nos convertimos en abuelitos por primera vez, es una emoción que tiene un sabor agridulce dulce por esa vida que es como continuación de la nuestra, nuestro nieto, agrio por lo de abuelo como dicen algunos; pero cuando se os dice con ternura ABUELITO; pues allí todo cambia, porque la ternura, el buen trato la dulzura no acepta rechazo en ningún leguaje ni en ninguna cultura. |
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Amemos Nuestra Iglesia Católica |
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La Iglesia, contrario al pensar, suponer y sentir de muchos, no ha nacido de los Evangelios, ni algo así, como una prolongación o extensión de las primitivas reuniones de cristianos. Lo que si es cierto es que los Evangelios fueron redactados mucho tiempo después del nacimiento de la Iglesia. Y por esto los Evangelios son una consecuencia lógica de la existencia de la Iglesia. Lo contrario no es la realidad; y así lo expresa el Arzobispo Fulton Sheen, cuando en su forma particular de expresión dice: "Fue el Nuevo Testamento lo que salió de la Iglesia, y no la Iglesia lo que salió del Nuevo Testamento". |
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