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Amemos Nuestra Iglesia Católica |
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La Iglesia, contrario al pensar, suponer y sentir de muchos, no ha nacido de los Evangelios, ni algo así, como una prolongación o extensión de las primitivas reuniones de cristianos. Lo que si es cierto es que los Evangelios fueron redactados mucho tiempo después del nacimiento de la Iglesia. Y por esto los Evangelios son una consecuencia lógica de la existencia de la Iglesia. Lo contrario no es la realidad; y así lo expresa el Arzobispo Fulton Sheen, cuando en su forma particular de expresión dice: "Fue el Nuevo Testamento lo que salió de la Iglesia, y no la Iglesia lo que salió del Nuevo Testamento".
Muchas veces y de muy diferentes maneras de ha que etimológicamente, o de otra forma, el vocablo "Iglesia" significa "reunión de los llamados". La palabra "católica", como bien sabemos significa "universal". Yo quisiera enviarlos al Catecismo de la Iglesia católica en su parágrafo 831, nos dice que: "Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano". Todos los hombres están invitados a formar parte del Pueblo de Dios, y la Iglesia católica tiende siempre y eficazmente hace esfuerzos para reunir, bajo Cristo, a la humanidad entera, con todos sus valores, como cabeza en la unidad de su espíritu, porque el catolicismo no es doctrina parcial de exclusiones y limitaciones. Como doctrina que es de Dios, de la Verdad total, es doctrina de síntesis, de incorporación e integración de todos. Así lo expresa el periodista italiano Vittorio Messori, la Iglesia ha rechazado siempre ser un grupo selecto, siempre ha querido ser instrumento de salvación para toda la humanidad, sobre todo para los más abandonados y los subdesarrollados, para los no intelectuales para los más débiles, para los solos, los tristes; en fin para los más débiles. El Verbo se hizo carne -escribe Royo Marín- (sacerdote español, de la Orden de los Predicadores Dominicos-Tomistas) para salvar a los hombres del poder del demonio, para redimirles de la esclavitud del pecado, para mostrarles el camino de la salvación, para restituirles la gracia original y a la amistad con Dios, para desvelarles el misterio del reino de los cielos. Su misión estaba en elevar a los hombres al mundo sobrenatural que habían perdido por el pecado de Adán, no en rebajar el mundo sobrenatural subordinándolo al mundo perecedero hasta ponerlo al servicio de intereses humanos temporales. Y en esto de hablar de Iglesia, cabe muy bien lo que nuestro Santo Padre, Benedicto XVI, ha dicho en días recientes: "… hoy tenemos miedo de hablar de la vida eterna. Hablamos de las cosas que son útiles para el mundo, mostramos que el cristianismo ayuda también a mejorar el mundo, pero no nos atrevemos a decir que su meta es la vida eterna y que de la meta vienen luego los criterios de la vida". Y, esta es nuestra Iglesia, la que se atreve a hablarnos de nuestro destino final; a decir sin miedos ni tapujos que estamos destinados a una vida superior; pero que para acceder a ella es necesario prepararnos, es indispensable convertirnos, dejar atrás nuestro “hombre viejo”; es necesario no dejarnos convencer del mundo; disfrutar las cosas buenas y hacer omiso de lo que no conduzca a la Casa del Padre. También en el documento del Vaticano II "Lumen Gentium", encontramos esta aclaración que bien puede servirnos en medio de los avatares de la vida: "Cristo, Mediador único, estableció su Iglesia santa, comunidad de fe, de esperanza y de caridad en este mundo como un tejido que acoge todas sus hebras en el momento de la trama, y la mantiene constante, para que el dibujo originalmente pensado no se distorcione, comunicar a todos la verdad y la gracia. Pero la sociedad dotada de órganos jerárquicos, y el cuerpo místico de Cristo, reunión visible y comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia dotada de bienes celestiales, no han de considerarse como dos cosas, porque forman una realidad compleja, constituida por un elemento humano y otro divino". Y sobre todo esto, uno puede preguntarse: ¿Todo esto, porque? ¿Dónde esta su origen? El origen de todo está y tiene su fuente en tres hechos evangélicos, básicos: El primero la elección de doce hombres que habrían de formar el Colegio apostólico, (Mt 10,1-4); (Mc 3,13-19); (Lc 6,13-19). El segundo es la declaración del Señor en Cesarea de Filipo al pie del Monte Hermón dónde le dijo a Pedro: "Bienaventurado tu Simón Bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare yo mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos". (Mt 16,17-19). Y el tercero es la venida del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico, es decir, Pentecostés (Hech 2,1-21). Y para la realización de esta misión que señala, el Señor teniendo en cuenta nuestra necesidad de una seguridad visible, constituyo la Iglesia y la eligió como el canal, para que a través de símbolos visibles, se distribuyeran sus gracias. Y para ello, instituyó los sacramentos, para que supiéramos cuándo y que gracias recibíamos. Pero unos sacramentos visibles necesitaban de un intermediario también visible en el mundo, que fuese el guardián y el distribuidor de los sacramentos, y ese agente visible es la Iglesia que el Señor estableció.
La Iglesia como Iglesia, tiene una misión que se extiende más allá de sí misma. Su misión es la extensión del Reino a todas las personas y la transformación del mundo en el Reino de Dios. Según Jean LaFrance- La Iglesia es la comunidad orante de los que saben que por la oración reciben el poder transformante del espíritu de Cristo, de los que han tomado conciencia de este poder, capaces de hacer esta experiencia. "La Iglesia es el lugar espiritual en el que el poder de Dios se experimenta constantemente en la oración, es el lugar donde el Espíritu se experimenta como poder. La Iglesia es la gran manifestación, en la tierra, de la gloria, del misterio y del amor de Dios, por todo lo anterior hemos de amarla, como algo entrañablemente nuestro, como parte de nuestro propio ser y hacer, de nuestro propio existir, pues nosotros cada uno de nosotros somos parte de ese todo denominado Iglesia. Henry Nouwen- también nos recuerda que la Iglesia es el Cuerpo del Señor, que sin ella no puede haber presencia del Señor entre nosotros; y sin la Iglesia no podemos estar unidos a Jesús. Todavía no he encontrado a nadie que se haya acercado a Jesús, al HIJO UNICO de Dios, abandonando la Iglesia. Escuchar a la Iglesia es escuchar al Señor de la Iglesia, escuchar la Iglesia es amar al Señor de la Iglesia, escuchar la Iglesia es seguir al Señor de la Iglesia. Tal como decía el cardenal Newman, "... los hombres aquí en este mundo, no tienen más salida que ser ateos o católicos. De esto sigo convencido: soy católico porque tengo fe en Dios, le contestaré que creo en Dios porque tengo fe en mi mismo, porque no me parece imposible tener fe en mi propia existencia (de la que estoy plenamente seguro) sin creer en la existencia de Alguien que vive en mi conciencia como un Ser Personal que todo lo ve y todo lo juzga". La iglesia conduce de la tierra al cielo. Está compuesta de pecadores que el Señor va purificando sin cesar y conduce poco a poco a la santidad. El trigo y la cizaña conviven. La división tendrá efecto el día en que Cristo vuelva de nuevo en toda su gloria. Nadie sino los ángeles tendrán derecho a separarlos". Y hasta que llegue ese día la Iglesia católica permanecerá siempre, porque tal como dijo el Señor en Cesarea de Filipo, "...las puertas del infierno no prevalecerán contra ella". Y asimismo afirmó: "Jesús se acercó y les dijo: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,18-20). |
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Noticias de RM Houston |
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Vivir según la lógica de Dios |
Hace ya algunas semanas que S.S. el Papa Benedicto XVI hizo un comentario al pasaje del Evangelio en donde el Señor nos invita a procurarnos un tesoro en el Cielo, y no en la tierra donde hay la posibilidad de que lo roben. Afirmó el Papa que “el cristiano debe vivir de acuerdo a la lógica de Dios, que es la lógica del amor que invita a usar las cosas sin egoísmo y sin "sed de dominio", viviendo la esperanza y la vigilancia ante la venida del Señor”. Ante un tipo de discriminación, muy en boga en nuestros días, el Papa nos previene: este tipo de discriminación es el de valorar más las cosas terrenales que a las mismas personas. No se trata, dijo el Pontífice, de que nos desinteresemos de las cosas del mundo, sino de ponerlas en el lugar que verdaderamente les corresponde, nunca preocuparnos o perder la paz interior y exterior, la paz propia y la de los nuestros, inútilmente por estas cosas perecederas. Las personas, por la dignidad que tienen, valen mucho más que cualquier posesión terrenal. |
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LA VIDA ES CORTA, MUY CORTA |
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Todos sabemos o por lomenos asi lo pecibimos, que la vida es corta, que pasa volando, que es breve, quizá los jóvenes, puedan contradecirnos o mejor dicho afirmar que la vida es un camino largao, muy largo… o al menos ellos que es larga. Pero a medida que pasan los años vamos cambiando de opinión, va penetrando en nuestra mente la irrefutable realidad de que los años pasan, vuelan y lo que es peor, aunque uno así lo quiera, no retornan jamás.
Cuando nos convertimos en abuelitos por primera vez, es una emoción que tiene un sabor agridulce dulce por esa vida que es como continuación de la nuestra, nuestro nieto, agrio por lo de abuelo como dicen algunos; pero cuando se os dice con ternura ABUELITO; pues allí todo cambia, porque la ternura, el buen trato la dulzura no acepta rechazo en ningún leguaje ni en ninguna cultura. |
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Amemos Nuestra Iglesia Católica |
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La Iglesia, contrario al pensar, suponer y sentir de muchos, no ha nacido de los Evangelios, ni algo así, como una prolongación o extensión de las primitivas reuniones de cristianos. Lo que si es cierto es que los Evangelios fueron redactados mucho tiempo después del nacimiento de la Iglesia. Y por esto los Evangelios son una consecuencia lógica de la existencia de la Iglesia. Lo contrario no es la realidad; y así lo expresa el Arzobispo Fulton Sheen, cuando en su forma particular de expresión dice: "Fue el Nuevo Testamento lo que salió de la Iglesia, y no la Iglesia lo que salió del Nuevo Testamento". |
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